Gracias a la pintura, nos acercamos de una manera precisa a nuestro pasado. Los cuadros son testimonio de las sociedades que retrataban, con sus hechos históricos, sus costumbres de vida, sus gustos estéticos y, cómo no, con las personas que se han inmortalizado en ellos. Hoy tendemos a observar los lienzos desde la distancia, atesorados en museos y elevados a la máxima exponencia del arte pero, sin reparar, quizás, en que gracias a la pintura estamos poniéndonos cara a cara con personas reales que de ninguna otra forma tendríamos oportunidad de conocer. Detrás de cada retrato, de cada escena costumbrista o de cada musa, nos topamos con personas reales a las que podemos mirar a los ojos y sentir una conexión que desafía el paso del tiempo.

Si mencionamos el nombre de Simonetta Vespucci, seguramente no nos resultará familiar. Pero no nos equivoquemos, la conocemos muy bien. Reconocemos su rostro y probablemente hayamos pensado que se trata de una de las mujeres más bellas de la historia. Una mujer que se ha convertido en inmortal gracias a Sandro Botticelli y que enloqueció de amor al artista y a toda la Florencia del Renacimiento.

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Botticelli, Sandro. El nacimiento de Venus. 1482 – 1485. Temple sobre lienzo. Galería Uffizi, Florencia | Simonetta Vespucci es caracterizada como Venus en el episodio mitológico que cuenta cómo la diosa nació de una concha en Portovenere, Liguria, donde casualmente se atribuye también el nacimiento de Simonetta Vespucci.

Simonetta Cattaneo nació en 1453 en el seno de una pudiente familia de comerciantes de Génova. Con solo 16 años contrajo matrimonio con el florentino Marco Vespucci, familiar del futuro explorador Americo Vespucci, instalándose a partir de entonces en Florencia, donde pasará el resto de su vida.

Simonetta llega a una Florencia en pleno auge del Quattrocento renacentista dominada por los Médici, con Lorenzo el Magnífico a la cabeza de la familia. El doumo de Florencia aún tenía su cúpula en construcción y la ciudad era un hervidero de artistas revolucionados con la nueva corriente del Renacimiento italiano. La sociedad florentina era tremendamente sensible al arte y la belleza, y la presencia de Simonetta en la ciudad causó un fervor que enloqueció a los nobles florentinos, que no tardaron en llamarla “La Bella Simonetta”.

Entre sus admiradores se encontraban los mismísimos hermanos Médici, gobernantes de facto de la ciudad. Juliano de Médici, hermano de Lorenzo el Magnífico, profesó su amor hacia Simonetta a través de una justa, ejercicio muy popular en la Florencia del siglo XV, en la que resultó ganador, nombrando a Simonetta “Reina de la belleza y dama de su corazón”. Entre ellos hubo un romance conocido en la ciudad y que el mismo Sandro Botticelli inmortalizó a través de la obra Venus y Marte, con Simonetta y Juliano como protagonistas.

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Botticelli, Sandro. Venus y Marte. 1483. Temple y óleo sobre tabla. National Gallery, Londres.

Los artistas florentinos no tardaron en quedarse prendados de su belleza, y comenzaron a inspirarse en ella para trabajar sobre sus obras. Entre ellos se encontraban los hermanos Ghirlandaio, Piero di Cosimo y un joven Sandro Botticelli que se enamoró profundamente de Simonetta para el resto de su vida.

El amor que Sandro Botticelli le profesó fue profundo y casi platónico, pero desafortunadamente para él, no fue correspondido. Esto, sin embargo, no le impidió que Simonetta fuese su musa. Realizó innumerables estudios del rostro de Simonetta que le permitieron plasmarla en sus principales obras, las cuales se han convertido a la postre en algunos de los cuadros más destacados de la Historia del Arte.

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Botticelli, Sandro. Alegoría de la Primavera. 1477 – 1478. Temple sobre tabla. Galería Uffizi | Simonetta Vespucci aparece retratada en esta ocasión a través de Flora, diosa de las flores y los jardines, con traje floreado.

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Botticelli, Sandro. Retrato de Simonetta Vespucci. 1476 – 1480.

Pero el destino de Simonetta Vespucci guardaba un amargo final. Moría a la temprana edad de 23 años, un 26 de abril, víctima de tisis. Detrás dejaría a Juliano de Médici y Sandro Botticelli rotos de dolor. Juliano de Médici moriría el mismo 26 de abril, solo dos años después que Simonetta, asesinado en la Conjura de los Pazzi. Sandro Botticelli no volvería a tener un amor conocido y nunca contrajo matrimonio. Continuó plasmando a Simonetta en sus obras a lo largo de toda su carrera, haciendo que todas las mujeres que aparecieron en sus cuadros guardaran las facciones de su amada, hasta que murió 34 años después que ella.

Todo este tiempo debió resultarle eterno, ya que su última voluntad fue ser enterrado junto a Simonetta. Ambos se encuentran sepultados juntos en la Iglesia de Ognissanti, iglesia de los Vespucci, en Florencia. Un amor eterno que quedará guardado para siempre entre lienzos.

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Botticelli, Sandro. Virgen de la Granada. 1487. Temple sobre tabla. Galería Uffizi

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